CAZANDO COINCIDENCIAS


Todo momento que haya sido captado por una cámara es una fotografía, y una buena fotografía es indudablemente subjetivo. Es realmente el espectador quien se conmueve, el que decide en que cuadro va a gastar sus retinas, y su tiempo viendo un momento inmóvil. ¿Y por qué cuando nuestro tiempo en la tierra es tan limitado decidimos ver momentos congelados? ¿No deberíamos estar mas bien viviendo unos nuevos? Mi respuesta es que lo que hace una foto trascender es esa necesidad de todos por contar, por recordar, como fue exactamente un instante que queremos compartir. Es el ritual y la necesidad de todos por contar historias lo que hace una imagen conmovedora, a veces no conocemos las palabras, o no sabemos usarlas bien para transmitirle a alguien como se resquebrajaba un glaciar, o cómo un perro buscaba el sol de la mañana al lado de una ventana para tomar su siesta. 


Cada vez que se toma una fotografía uno “dispara” el obturador, y por eso ésta disciplina debe compararse con la cacería. El fotógrafo caza coincidencias para documentar como era un momento exactamente. Idealmente se quiere encontrar un momento en el que un sujeto atractivo esté haciendo algo igual o poco más interesante que él mismo, incluso es mucho mejor si la escena cuenta con una iluminación dramática. Y todo puede ser mejor, si además está lloviendo y lo sólido se mezcla con lo líquido. Además, si a todas estas variantes se le suma una composición elegante, podemos decir que hemos cazado una linda coincidencia, de aquellas que todos anhelamos vivir, contar, o que nos cuenten. Y sabemos que entre mas coincidencias podamos vivir, mas fantásticas serán nuestras vidas. Este tipo de experiencias son por lo que vale la pena vivir.